Dijo un día Theodore Roosevelt que en cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor no es no hacer nada.
Para mí, el poder de decisión es de los mayores poderes que tenemos en nuestra personalidad; ahora nos preguntamos: -¿Si te dieran un poder de las Embrujadas cuál te pedirías?, ¿Qué poder te gustaría tener si fueses un personaje mágico? Estoy segura de que tiempo atrás alguien cruzó todos los dedos de su cuerpo y rezó muy fuerte pidiendo el poder de decidir libremente.Ahora al rojo, ahora al negro, ahora todo, ahora nada, ahora voy y ahora vengo. Ahora decido quererte, ahora ya no te quiero. Ahora eres mi amigo, ahora una persona sin más en un mundo lleno de personas sin más. Ahora te lo digo, ahora me lo callo.
Hay decisiones fáciles y decisiones difíciles. Un simple ¿qué me pongo hoy? puede ser una decisión fácil un día cualquiera, pero también puede ser decisiva ante un acontecimiento importante, y toda nuestra vida se forma a base de decisiones. Ahora sí, ahora no.
Que yo esté sentada enfrente del ordenador es mi decisión, que yo quiera pasar el resto de mi vida con esa persona es mi decisión, que yo no quiera separarme nunca, nunca de ellos es mi decisión, y mandarlo todo al traste también sería mi decisión.
Qué importantes nos sentimos cuando decidimos, pero muchas veces nos puede el orgullo, el egoísmo y no pensamos qué consecuencias puede tener nuestra decisión. -¿Qué más da?, mando yo-.
Me gusta que la gente decida, que tenga ese criterio vivo, que sean críticos y coherentes con sus propias decisiones, que si es "all in" sea "all in", que si es "no, no y no", sea "no, no y no", que si dices que vienes, vengas; y si dices que te quedas, nunca te muevas, que un siempre sea para siempre, y que si no quieres, nunca quieras.
Pero me da pena, me entristezco... yo soy tan indecisa. Y a veces un "all in" se convierte en un "no, no y no", y digo que voy y nunca llego, o ese "siempre" se transforma en "sometimes".
Quizá haya gente que tema sus decisiones, que no lo tenga del todo claro, que no sepa qué hacer. Un llamamiento a la posibilidad de dudar, de no tenerlo todo tan claro, de pensar en las consecuencias de tu decisión, de barajar las posibilidades... de decidir algo y luego arrepentirse, porque quien no se haya arrepentido nunca de una decisión que tomó algún día, por tontería que fuera, que tire la primera piedra.
El hombre que pretenda verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide. Henry. F. Amiel.
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