Barcelona..

domingo, 31 de julio de 2011

Y SIN MÍ, ¿QUÉ QUEDA?

Hay gente que no me quiere ni ver y sin embargo otros se mueren por saber de mí.



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Hay gente a la que solo con pensarme, pongo nerviosa y otra a la que con una mirada, desespero.




Personas hay que me odian por ser quien soy, porque se creen mis esclavos, porque lo quieren ser, porque les costará dejar de serlo si un día lo fueron.




Personas hay que me ensalzan alabándome, les fascina mi presencia en sus vidas, me llevan con ellos eternamente, no quieren que desaparezca de sus caminos, no quieren imaginar qué sería de ellos sin mí.




Pero personas hay que no me conocen, que pueden vivir con mi ausencia, que no saben ni siquiera que existo…







Cada mañana, un sinnúmero de gente me da los buenos días de modos diferentes… algunos contentos, me miran, sonríen, se alegran de verme a su lado. Otros, por el contrario, se irritan al mirarme, se enfurecen cuando se dan cuenta de que sigo allí, de que no me moví…de que mi presencia no fue un simple sueño más que añadir en su lista de pesadillas y opresiones. También están los que al tomar la mañana hacen como si no estuviera, les saludo, y ellos no quieren ni echar un vistazo, hacen como si no me hubieran percibido…







Aunque no quieran darse cuenta, soy yo quien decide gran parte de sus vidas, quien las maneja y condiciona, quien dice cuando principian y concluyen sus sueños y sus pesadillas, sus ratos buenos y malos, su tiempo de tristeza, sus ratos de alegría, quien les avisa de que ya terminó o de que se den presteza por llegar a tiempo, quien corta sus tardes de juegos y quien manda que empiecen.




Provoco tensión en un examen, nervios en una cita, angustia si no corro, y vértigo si voy demasiado deprisa.




Soy para todos igual, el mismo, y sin embargo cada uno me interpreta de forma distinta, no decidí ser quien soy, y me aterroriza pensar qué haría yo si tuviera tanta presión como ellos, mando a reyes y nobles, a campesinos y criados, a empresarios y profesores, a niños y a ancianos.




Estoy en tu vida, igual que en la de otra persona, y aunque no te des cuenta, o no lo quieras ver, tú también formas parte de este círculo.




Muchos me han desafiado, intentando resistirse a mí, pero les dejé sólo dos elecciones para acabar conmigo: una, marcharse lejos, muy lejos, a un lugar tan remoto que no sepan ni donde se encuentran, o dos, no relacionarse con otras personas que estén bajo mi precepto, cumpliendo mis estrictas normas.




Enfurezco a la gente que está a gusto, y alegro a esas personas que lo están pasando mal. Soy exigente, riguroso y directo, claro, fiel y exacto, no fallo, no me equivoco, y si algún día lo hiciera sería lapso tuyo y sólo tuyo, de no mantenerme actualizado, lo siento…soy perfecto.




Y es eso lo que provoca la envidia, la rivalidad, la admiración y los celos entre vosotros.







Un día, la humanidad se cansará de tenerme cerca, vendrán tras de mí, acabarán conmigo, mandarán quemarme, destruirme, y pasaré a ser parte de la historia, pero para que ese día llegue, todas las personas del mundo deberán estar de acuerdo en fragmentar y desafiar mis pautas. Cuando lo alcancen, mi “tic tac”




alterado (de quien lo quiso alterar),




recordado (si implicaba algo importante),




nervioso (si costó que llegara),




tranquilo (si no te importaba que pasara),




deseado (si, sin él te costaba respirar),




añorado (si te hizo recordar),




temido (si te asustaba qué pasaría más tarde)…




desaparecerá del mundo y el mundo a su vez, conmigo.




Os desafío.






La vida es una suma incalculable de momentos llenos de instantes únicos, en los que el tiempo es quien establece esas reglas que todos quisimos desafiar un día…